lunes, 10 de marzo de 2008

Ella se llama Tao

Ella es eterna.
Siempre que la quiero nombrar
se escapa con un nombre distinto.
Su fugacidad es el principio del cielo y
de la tierra. De no sé que manera,
ella es la madre de todo lo que hay
y de lo que contemplo en la quietud.
De alguna manera es del universo su principio.
Ella nunca acaba. Siempre esta iniciando.
Se precipita cuando haciende en lo inmóvil.
Solo se de ella cuando se marcha o se queda.
Cuando piensa, veo la claridad de lo distinto.
Si ella no existiera fuera el origen de la vaciedad de mi espacio
Ella me convoca una herida pero la dispersa con su hondura
Cuando la conocí, supe que lo bello era ella.
La fealdad solo a su lado existía: era demasiado bella
lo sigue siendo, lo será siempre.
Todo lo malo en ella se ennoblece.
Todo lo bueno en ella encuentra el regocijo como un triangulo.
-A veces temo que al tocarla desaparezca.-
Amarla fue fácil. Fácil como una ráfaga de aire.
Desamarla: como borrar una montaña con el mismo aire
Ella es pequeña, pero da pasos de giganta. Es enorme,
pero duerme placida sobre un grano de trigo. Cuando habla
una citara resuena, cuando duerme
me ejercita en su silencio…
Si algún día, me muestra la rosa de su espalda,
el único que muera,
solo seré yo.

1 comentario:

Carla Valdés del Río dijo...

"Ella es eterna.
Siempre que la quiero nombrar
se escapa con un nombre distinto."


Muy buenos versos. Me encanta este poema, no sé si te lo había dicho, ya que tu ausencia se alarga en msn, cada día más. Felicitaciones por su poesía, estuve leyéndolo en almargen.net.

Un abrazo y que la poesía sea contigo.

Carla V.